Mi vecino el presidente de la comunidad del piso de la playa se toma muy en serio su cometido. El año que le tocó por turno presidir la convivencia de los cien inmuebles que formamos el pequeño mundo vecinal, consiguió que le apoyaran la mitad de los propietarios para cambiar los estatutos. Yo me abstuve, entre otras cosas, porque para un mes al año que paso en la vivienda tampoco es que me vaya en ello la vida o la hacienda. Me limito a pagar las cuotas, a aprobar las cuentas sin leerlas, y cuando hay alguna derrama a comprobar que en efecto se realizan las mejoras propuestas.
Mi vecino el presidente lleva más de un lustro en el puesto. Gracias a unos cambios realizados en un nuevo estatuto vecinal. Se aprobó por mayoría que no habría más correturnos, sino que se elegiría presidente cada cinco años o más. Y volvió a salir elegido, y votado por los mismos que aprobaron las anteriores modificaciones. Hay un grupo que se ha hecho cargo de la gestión porque pasan casi todo el año en la playa, supongo que porque dos de ellos están jubilados, uno es liberado de un sindicato, otro asegura tener una incapacidad permanente y los dos restantes alternan trabajos temporales con contratos fijos discontinuos. El caso es que no viven mal. Van a la playa, juegan al pádel y montan timbas de dominó entre jarras de cervezas.
Cada año, a los que venimos una vez al mes, nos toca revisar unas cuentas que son cada vez más opacas. No hay quien entienda las facturas de reparaciones que se han disparado no solo en importe sino también en la cantidad de cosas que se estropean y hay que arreglar. No nos gusta que se haga de aquella manera, es decir, sin IVA, y simplemente con un garabato en una servilleta de bar o en un impreso de la taberna de Jorge el cuñado del presidente. Según ellos seis, es lo más barato y efectivo para no tener que pagar tantos impuestos a la Hacienda pública.
Este año ha habido en la reunión gritos y conatos de peleas, pues un abogado ha empezado a poner en duda la gestión. Faltan justificantes de gastos y por si fuera poco el presidente y sus acólitos aseguran haber realizado trabajos profesionales por los que han estado cobrando unas cantidades mensuales que nadie ha acordado. Hay unos trabajos de obras que nadie sabe dónde se han llevado a cabo, y mejoras de jardinería que no son apreciables por ninguna parte en las zonas comunes. En definitiva, mucho más gasto y nada apreciable a cambio.
Mi mujer se ha encontrado hace poco con la esposa del presidente. Estaba radiante de alegría por cómo le ha quedado un nuevo baño de diseño, ya que ha reformado el antiguo. Se lo ha dicho mientras un equipo de jardineros y diseñadores ambientales entraba en su parcela. Al quedar la puerta abierta ha saludado al presidente, que, junto con el equipo de gestión, echaba una partida de mus entre mucha espuma de cerveza y risas alegres. Yo, por mi parte, no necesito ver más telediarios este verano, para qué, si las noticias las veo en directo.
