Derechos infinitos

          Los derechos infinitos no existen, de hecho, nada en la vida es infinito hasta que esta no se acaba. La organización de Naciones Unidas aprobó hace casi un siglo La Declaración de los Derechos Universales (París, 10 de diciembre de 1948). Treinta derechos, por los que se pretendía que las naciones se rigieran en materia de comportamiento humano. De los 58 países que formaban entonces la ONU, 48 votaron a favor. El mundo acababa de dejar atrás la II Guerra Mundial con todos sus horrores. Sin embargo, 10 de los países vencedores en la contienda bélica, todo el bloque socialista liderado por la Unión Soviética, no apoyaron la declaración. Solo ellos, junto a Sudáfrica con argumentos racistas se quedaron fuera del gran pacto. El plan como se comprobó a posteriori era otro: solo en Rusia, en los Gulag (entre 1948 y 1953) el socialismo asesinó a unos 300.000 conciudadanos por pedir derechos y libertades. Y consolidó una dictadura de aniquilación, esclavitud y sometimiento de su propio pueblo, paradójicamente después de vencer al nazismo para evitar la esclavitud y el sometimiento de los pueblos. 

          Casi un siglo después, las sociedades modernas que firmaron aquella declaración, junto con muchas otras como España, que ingresó en la ONU en 1955, dicen seguir aquellos 30 derechos como guía de garantías sociales y humanas. En la Constitución Española de 1978 se redactó lo siguiente: art. 10.2 «Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España». Desde entonces, se ha producido lo que podemos llamar una inflación de derechos. Una corriente de peticiones que con tendencia al infinito sobrepasan cualquier capacidad jurídica o de ordenamiento de las relaciones sociales. Y, paradójicamente, se ha convertido en el estandarte de la oratoria socialista.

          Derechos para todos y derechos de todo tipo. O lo que en términos coloquiales podríamos decir «jamón pa tol mundo». A mí, desde luego, me encanta la idea porque me encanta el jamón de bellota. Sin embargo, como en materia de derechos, los límites no los marca el deseo, sino la capacidad de obtenerlos y mantenerlos con los recursos disponibles. Y, vaya por Dios, esto les crea a la nuevas generaciones un elevado nivel de frustración. Resulta que ahora se dan cuenta de que no pueden tener de todo, para todos, a todas horas y sin límite ni necesidad de pagar por ello. Algo ha fallado, y no hace falta darle muchas vueltas para comprenderlo: lo que ha fallado es que les pintaron un mundo utópico, cargado de mentiras y de expectativas irrealizables. Una permisividad sin cuento, una dejadez de obligaciones y un abandono del mérito que solo podía traer consecuencias indeseadas.

          Prometer hasta meter es la estrategia política más habitual. Se les llena la boca de sanidad universal y gratuita para todo el mundo, y luego se fuman un puro y se quedan tan anchos. El centro de salud de mi localidad, por citar un ejemplo que es general en toda España, atiende a una población empadronada de 15.000 personas, pero la demanda real de asistencia supera los 25.000 individuos. Incluidas gentes de otras localidades, con o sin tarjeta sanitaria, con papeles o sin papeles y regulada o sin regular… A lo que hay que añadir que de las citas que se dan para consultas médicas cada mes hay casi 300 personas que no se presentan. Qué fácil es salir luego en la caja tonta mañanera y decir: la sanidad no funciona y todo el mundo tiene derecho a una sanidad universal y gratuita. Y a otra cosa mariposa. Que la pague Rita la cantaora. 

          Es solo un ejemplo, pero vista esta semana la huelga de profesores en varias comunidades autónomas no me extraña. Para sueldos de pelagatos, encima tienen que aguantar aulas atestadas de adolescentes con móviles de mil euros que con demasiada frecuencia no hacen ni el menor caso a las explicaciones, que les faltan al respeto, que acosan a otros alumnos o alumnas o que, directamente, amenazan al profesorado. Sus papás, les han dicho que tienen garantizados todo tipo de derechos en todas partes y, no solo eso, sino que el desarrollo de más derechos todavía, para ellos y para todo el planeta Tierra, es infinito y solo hay que tomarlos por lo civil o por la fuerza. En fin, pues ya verán la que se van a dar cuando el burro frene y salgan despedidos por encima de sus orejas.            

          

           

Un comentario en “Derechos infinitos”

  1. Me contaron que Jesús a menudo comenzaba a hablar a sus discípulos con estas palabras… En verdad, en verdad, os digo…

    Pues… En esta semana de visita Papal a España, es decir, del sucesor de Pedro en la Tierra, discípulo de Áquel… he evocado esas palabras.
    Lejos de querer compararme a nuestro Señor, he querido comenzar mi comentario con…
    En mi verdad, en mi verdad, te digo yo… Miguel Ángel ¡Qué gran TIMONEL NÁUTICO te veo, a los mandos de un gran Velero Yawl… Cómo gran PATRÓN CRÍTICO LITERARIO te entiendo y demuestras ser en tus artículos sobre nuestro SANTO DÍA A DÍA!
    Gracias, Miguel Ángel por DAR VOZ a quienes no sabemos expresar, tan fantásticamente bien como tú, unos mismos sentires y penares.
    Muchísimas gracias.
    Un fuerte abrazo, amigo.

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