El día de la banderita

          Hoy es uno de esos días, escasos y prácticamente anecdóticos, en los que cualquier ciudadano puede pasearse con la bandera española sin temor a ser amonestado. Y utilizo ese término por no decir insultado, etiquetado como fascista o incluso franquista. Hoy puede usted empapelarse de banderas de España y meterse en Vallecas, plantarse en Portugalete y navegar la ría de Bilbao o meterse en un bar de Gerona y gritar viva España. Mal se le tendría que dar la excursión para que le ocurriera lo habitual de otros días y tuviera que salir por patas para no liarse a hostias o recibirlas.

          Es uno de los milagros que obran los grandes eventos deportivos, y en particular y de manera muy especial el fútbol. Más allá de cuatro gatos amargados, que de todo tiene que haber, todo el país anima y apoya a la selección española. Desde Finisterre a Cabo de Gata. La rojigualda inunda las calles, los torsos y las cabezas bien amuebladas e incluso las desvalijadas. Hoy, por lo que sea, desaparece esa apropiación indebida de la bandera que sí existe el resto de los días que no se juega una gran final. Los españoles, según algunos, tenemos que usar la bandera de nuestra patria como los trajes de los domingos, cuando a papá le parece conveniente, o le sale de los cojones.

          En diciembre de 2017, Víctor Laínez, un paisano de 55 años de edad tuvo la «fatal idea» de vestir unos tirantes con la bandera de su país. Se fue a un bar de Zaragoza a meterse unos chatos, y uno de esos referentes éticos anónimos que tiene la izquierda radical lo asesinó por la espalda cuando salió a la calle. Al tipo le metieron 18 años de cárcel, por lo que es posible que ya ande por el mismo bar metiéndose un cubata o que le falten dos telediarios. Victor, desde la tumba o donde quiera que ande, es posible que hoy de coraje se vuelva a poner los tirantes sin miedo a que Freddy Krueger le arañe la cara. Y, es posible también, que su asesino hoy se haya puesto la rojiblanca con el nombre de Porro a la espalda, y que además se lo esté fumando tranquilamente.

          Hoy he visto en las redes sociales una euforia roja y amarilla en gentes que a diario reniegan de los colores de la bandera. Incluso a quienes han mudado de bando y ahora la reivindican como suya y de nadie más. Mogollón de tontolabas que se pasan el día por los platós señalando a los de la pulsera con la banderita como fachas y hoy se colocan una en el pecho: «pa facha yo», parece que reivindican con cara de haberse esnifado a un suplente de la selección. Si se llama Raya, han debido pensar, llevar la misma camiseta no puede ser nada malo.

          Independientemente del resultado del partido de hoy, que ojalá gane España, mañana de nuevo quedará abolida la libertad de lucir la bandera nacional so pena de ser considerado un fascista peligroso. Nada de pulseritas, que saldrá un erudito tertuliano con gafas y tatuajes llamándole facha y, ni por asomo, se le ocurra decir aquello de «Viva España» si no quiere que le tachen de ser más antiguo que Manolo Escobar. Tómeselo como un receso de noventa minutos, y disfrute de ser español mientras vemos uno de esos partidos que solo se ven dos veces en la vida. 

4 opiniones en “El día de la banderita”

  1. Qué razón querido amigo. Justo lo decía hace un momento con mi pareja, que estoy viendo a to kiski luciendo colores rojigualdas cuando jamás les he visto, y si ni siquiera ven fútbol ni les gusta!! Hoy si, viva España pero ya mañana cuidado, que eres un facha y de los chungos. Venga yaaaaaa.., panda fariseos todos!! Ahh y Viva España campeona!!!

  2. Creo que, ese día 19 de julio, día del Alzamiento de la Copa del Mundo, al que único que vi, de gris (agazapado, aunque presente para la foto) fue al bananeromonclovita. Ese gris, tal vez, era más parecido a un albiceleste que a un rojigualdo, hasta en sus clarividencias.
    Porque mucho clarito lo veía todo claro, clarísimo. Todo estaba escrito, porque todo estaba pactado y arreglado de antemano y comprobado su funcionamiento en anteriores canchas. De ahí… la sin razón de la hidrofobia final y posterior. El mundo entero vio la verdad… un solo equipo en el campo jugando al futbol; el otro dedicado al pancracio griego… porque ya se sabían que con la justicia, también estaba todo arreglado
    Allá y acá, es la misma soberbia. Ese mismo pecado capital es común al bananero y al otro equipo perdedor absoluto, deportiva y éticamente.
    Nuestro soberbio nacional, al igual que aquel equipo, se sentían y sienten “El mejor de todos”, “El más guapo”
    Así pues, cuando a cualquier mortal, lo sucedido le serviría de lección… a los asnos no. Ellos están por encima del bien y del mal, viven en el Olimpo de los dioses para siempre.
    El burro estando a un paso del despeñadero, seguirá caminando con la vista hacía atrás… viendo horrorizado las barras del establo que le separan de sus amigos (o ex-amigos, por no ensuciarse de sus polvos). Tanta falsedad, hipocresia y soberbia le rodea que, seguro con la mirada al horror, dará ese paso… a lo único que siempre piso el vacío, la nada.
    Un equipazo de héroes, desde el último utillero, pasando por la plantilla de jugadores, hasta el entrenador, han dado una lección de unidad y de grandeza a !TODOS! ¡TODITOS TODOS! los españoles y al resto del mundo.
    Aguantando tarascadas e injusticias, sin inmutarse han ido a lo suyo… (en eso nos hemos diplomado los últimos años muchos españoles)… Y un héroe, que sin sobresalir un ápice su cabeza por sobre los demás de este equipazo, además de marcar el gol… hizo algo excepcional.
    Ferrán puso la nota de humor español. Parafraseando el lema de Trump… se presentó portando una gorra roja y el lema: MAKE SPAIN GREAT AGAIN.
    ¡¡Ferrán todo un héroe… de verdad!!
    Mañana, Señor… te ruego de rodillas, perdones a todos los que le tachen de FACHA.

    1. «Los hombres sabios aprenden de los errores de los demás, pero los tontos deben aprender de los propios».

      Marco Ulpio Trajano

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