Aunque se suele utilizar en tono de pregunta, he prescindido de los signos de interrogación, sabes, porque doy por hecho que el uso de este latiguillo no es una pregunta sino una tocada continua de narices, hasta el limite de la paciencia del que escucha, sabes.
Me han agredido tantas veces con el latiguillo que tengo dificultad para situar sintácticamente la pedrada. A veces pienso que se quiere decir sebo, en alusión a lo gordo, sabes, o que me han tomado por catalán y me quieren vender la tortilla de papas con seba (cebolla). Yo he sido siempre muy de seba en la tortilla de papas, sabes. Es un latiguillo cansino hasta lo exasperante, si bien, hay como en casi todo diferencias de gradación en el uso. Desde el casual y comedido, pasando por el pesado hasta llegar al obsesivo y agotador.
Debe de ser contagioso como un virus, sabes. Conozco gente que nunca lo había usado, y tras un tiempo sin coincidir con esas personas, compruebo que lo utilizan como una metralleta contra toda oreja que se ponga a tiro. Ignoro el fallo en el mecanismo mental del lóbulo temporal que lo produce, o si es un cortocircuito en el Área de Wernicke producto del coronavirus. El caso, sabes, es que resulta muy contagioso.
No es el único latiguillo molesto que usa la gente al hablar. A mí me resulta de lo más desconcertante ese otro de «me entiendes» (también en tono de pregunta). Yo siempre supongo que detrás de este el que habla también piensa sin decirlo «o eres tonto». Y su variante más agresiva «te enteras», y la sospecha de que se calla el «o eres sordo». Algunas personas conscientes de lo inconveniente del significado lo cambian por el «me explico», pasando la carga de la prueba al sujeto activo. Pero el efecto aunque atenuado es similar a los anteriores, sabes.
A mí me da que se trata de falta de seguridad del hablante, o por no haber estudiado música y no saber para qué sirven los silencios. Yo compadezco a quiénes tienen algún familiar cercano cada día a su lado soltándole latiguillos sin descanso. Haciéndole mil veces la misma pregunta que no pretende ser pregunta, pero que lleva al que escucha hasta el agotamiento mental.

