Yo he tenido mascotas caninas durante muchos años, la última vivió más de tres lustros hasta que el veterinario nos dijo que lo mejor era ayudarla a marchar de entre nosotros. Era una perra mestiza que adoptamos apenas con unos meses, cedida por una familia que había tenido cachorros. Esta forma de adquirir un animal de compañía era y, creo yo que sigue siendo, muy habitual. La otra forma de hacerse con un perro pasaba por comprarlo en alguna tienda de animales.
La nueva Ley de bienestar animal prohibirá esos dos caminos para hacerse con Bobby o con Tina, cuando en su familia nazca el interés, por lo general en edad infantil, de adquirir un amiguito de cuatro patas. A partir de ahora tendrá que hacer primero un curso, y luego localizar un establecimiento dedicado a la cría y venta de animales, que tendrá que ser un sitio autorizado y que cumpla una serie de condiciones. Hasta aquí no lo veo mal. Demasiados caprichos acaban en verano abandonados de forma desaprensiva en las gasolineras o descampados sin ninguna piedad.
Más allá de la polémica acerca de si determinados animales que se usan para la caza o la guarda de ganado deben tener un tratamiento especial en la ley, lo cierto es que como suele pasar, el documento pendiente de aprobar contiene una importante cantidad de despropósitos. Por ejemplo, su tortuga Teresa y el conejito Manolito ya no son bien vistos en las casas por esta norma. Alguien ha decidido que son peligrosos para la salud, incluso sin que se haga usted una sopa con la una ni meta en la paella al otro en un arrebato carnívoro.
Tampoco los roedores son aceptados entre los humanos. Todavía recuerdo aquellos hámster blancuchos que siempre acababan haciendo un butrón en la esquina de la caja de zapatos y dándose a la fuga. Había que buscarlos entre los forros de los sofás donde acostumbraban a refugiarse. Sin embargo, no se le ocurra liquidar a una rata invasora de esas negruzcas y transmisoras de enfermedades porque podría acabar entre rejas. Queda, por otro lado, poco claro si pisar inadvertidamente a una hormiga se considerará delito o, si por ejemplo lo que aplasto es el hormiguero mientras pedaleo con la MTB en medio del campo, se me aplicará el delito de crímenes de lesa animalidad.
Se hace bien al regular cómo debemos llevarnos con los animales que conviven con nosotros, en eso estoy de acuerdo, y en castigar a quiénes no saben convivir con ellos dándoles un trato indigno. Para eso que no los tengan. Lo que no veo tan claro es que, como suele ocurrir, la ley no esté pasada de frenada ideológica y cargada, quitando lo esencial, de chorradas y ocurrencias baldías.
