En esta época, marcada por nuevos “ismos”, el ejemplo de los mayores hace tiempo que dejó de ser un valor esencial. Se trata del fenómeno conocido como edadismo. Al menos, en muchos ámbitos de la sociedad. No obstante, no dudo de que hay quien mantiene en alta consideración las enseñanzas de sus mayores. Sin embargo, me da a mí que es algo que ocurre cada vez menos. Es, desde mi punto de vista, un auténtico despropósito y un error craso. No solo porque la cultura en mayúsculas siempre se ha transmitido de una generación a otra, sino porque, además, nunca hubo un contingente de mayores más preparados y mejor cualificados que ahora.
Hace tiempo ya, al menos en España, asumimos que si te quedabas parado a partir de los 45 años ya te podías poner a rezar. A una distancia de dos décadas de la jubilación, en las entrevistas de trabajo ya eras demasiado mayor. O en el paroxismo de la contradicción, estabas sobre-cualificado. No digamos si te encontrabas en la cincuentena, entonces eras literalmente un desecho de tienta (permítaseme la tauro expresión ya que estamos en Feria). La experiencia, por alguna razón incomprensible, se convirtió en un lastre, y lo que otrora fuera un baluarte pasó a ser una carga indeseable. Al mismo tiempo, la bisoñez cobró valor y cotizó al alza el tirarse a la piscina vacía.
Se pusieron de moda palabras como carca, viejuno, carroza, carcamal, anticuado y otras por el estilo. Y aquella generación de sangre y savia nueva que abanderó la ruptura con los mayores y las tradiciones se hizo, a su vez, también mayor. Hoy les vemos por todas partes: el mundo de la política, en los medios de comunicación y en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Muchos mienten sin ningún pudor acerca de sus cualificaciones, incluso a las instituciones que se supone dirigen. A veces, convertidos en personajes siniestros que acaban en prisión después de ostentar cargos de primer nivel.
Pensaba esto porque es una pena. Hoy, otra generación se sustenta en el hecho de que ya no ha bebido de las fuentes tradicionales en casa. No ha heredado un cuerpo sólido de valores, sino que se ha criado con el ejemplo de una cohorte de venidos arriba que rompieron con sus mayores para comandar ellos un trayecto sin rumbo. Personajes, con frecuencia potenciadores del enchufismo y destructores de la meritocracia, detractores del esfuerzo y amantes del dinero fácil, o voceros de la igualdad creando cada vez más desigualdad.
Yo soy racionalista, algunos me llaman pesimista, pero intento analizar siquiera como sociólogo de brocha gorda lo que veo a diario. Una nueva hornada, con demasiados miembros que sueñan con vivir y enriquecerse sin esfuerzo. No todos, como es lógico. Pero circulan nuevos modelos como por ejemplo convertirse en influencer, incluso sin haber terminado el bachillerato. Como hicieran quienes les educaron, a veces explican sus ideas con una fonética incomprensible marcada por sonidos guturales. En fin, qué decir, en parte, muchos elementos de este rebaño estarán, por pura ley de vida, llamados a dirigir las riendas de nuestro gran país mientras sueñan con llegar a Marte por arte de magia. O mejor aún, que alguien les lleve aunque no sepa volar.

Muy certero tu artículo, Miguel Ángel.
Bien estructurado y razonado por un buen racionalista y muy buen analisis de… esta sociedad nuestra en el mundo de hoy, realizado por un ilustre sociólogo de fino pincel usando óleos de colores en su paleta, suaves, breves pero concisos, claros y definidos como contraexpresionista, enfrentado a la distorsión actual de la realidad que muy subjetivamente nos muestra la angustia intensa muy marcada de estridencias con colores violentos, exagerados y pinceladas gestuales muy hipócritas.
Valiente como siempre y, como buen “Timonel” mostrando un mejor rumbo a la sociedad nuestra en la que vivimos.
Gracias, Miguel Àngel.
Gracias a ti siempre, Juan. Un abrazo.
Muy cierto tu análisis Miguel Ángel
Gracias, Jorge.
Muy buen artículo. El desprecio a la experiencia en el mercado laboral español es notorio. Yo estuve a punto de tener que emigrar con poco más de cincuenta años a un lugar donde valoraran mi experiencia de décadas. Al final decidí quedarme aceptando un sueldo que era menos de la mitad de lo que estaba acostumbrado a ganar o de lo que me ofrecían fuera. No lamento mi decisión, pero eso demuestra la mucha razón que tienes.
Gracias, Juan Pablo: compartimos historias parecidas.
Fantástico artículo , que desgraciadamente es así . El adoctrinamiento que los políticos actuales han ido imponiendo es el resultado de lo que tenemos : paguitas a todo el mundo , creando vagos , y desprecio por la sabiduría de los mayores.
Como demuestra el histórico de muchas personas que hoy dirigen instituciones esenciales. Gracias, Loren. Un abrazo.
Constatar como está evolucionando el mundo, a los que ya tenemos más camino recorrido que por recorrer, nos llena de tristeza porque nosotros construimos con nuestro esfuerzo, sudor y decenas de años de sacrificio y porque no decirlo, de riesgo vital, ver como todo esos valores no hemos sido capaces de transmitirlos de las generaciones posteriores, y constatar que ahora todo empieza a ser humo que se lo lleva el viento, y te lo dice un tipo como yo, que nací cuando las bombas de Hiroshima todavía resonaban como un eco lejano. Un abrazo
Pues sí, parece que estamos en esa fase, espero que transitoria. Un abrazo.