La deriva del cine martillo pilón

          En náutica el término «derrota» significa o hace referencia a la trayectoria que sigue la embarcación. No es lo mismo que el rumbo, que no deja de ser la intención de dirigirse a un punto concreto. Tiene esto en la vida un curioso paralelismo. Así como en la mar el abatimiento y las corrientes afectan al rumbo del barco y toca corregir, en la vida hay situaciones que hacen que la corriente nos acabe dejando a la deriva. Sería absurdo echarle la culpa a la masa de agua oceánica, en vez de a la falta de pericia o conocimientos del patrón.

          Pensaba esto porque a cierto cine de una de nuestras vacas sagradas, la masa de público que le impulsó hacia el éxito le ha retirado el apoyo. Como las aguas del mar Rojo que abriera Moisés en el relato bíblico, los pasillos vacíos de las salas de cine para ver el último pestiño de Almodóvar ha escocido en las redes y, particularmente, en la zurda. Y, supongo que al conocido director tampoco le ha hecho gracia tanto vacío de un público que llenaba las salas anexas con millones de espectadores para ver Torrente presidente.

          En un país de gentes sectarias y envidiosas, como lo es el nuestro, una erupción de bilis mediática y bochornosa era de esperar. Sobre todo, de aquellos medios que comparten patrón y mandamás con el cineasta de su cuerda. Y su correspondiente reflejo en los miles de bots en las redes sociales pagados por el jefe, además de los típicos payasos y cantamañanas de siempre. Todos ellos regurgitando los restos de una mala digestión. Los más cafeteros se resisten a creer tanto abandono. No aceptan que el público ya no se trague la misma cantinela que lleva soltando desde hace 40 años; con el mismo cuento contado quinientas veces, pero cada vez peor contado.

          A diferencia de Segura, Almodóvar no ha dudado nunca en mostrarse como activista de quien le paga y financia generosamente con dinero de todos. Situado en cabeza de manifestaciones siempre «contra los otros», contra los que según el propio director no les concede ni el derecho a existir (como dijo en los Premios Goya 2019). Imaginen un próximo gobierno que le diera por no darle a Almodóvar el derecho a existir, y por tanto, tampoco que sus tostones se proyecten en España. Pues ese es el nivel. Con una diferencia, Almodóvar está en el bando de los buenos y los demás en el de los malos. Esa es la parte del relato que el público ya no compra.

          Este tipo de personajes con su mensaje martillo pilón aburren hasta a las ovejas, que sumisas y pastoreadas cada vez son menos en las salas. Quizá por ese motivo, él y los suyos, por seguir con su forma de expresarse, cada vez se muestran más violentos en los comentarios públicos y entrevistas. Cada vez se les nota más el sangrar por la herida del olvido y el abandono de la calle. Ya pocos creen en el mensaje reiterado hasta la saciedad de una gente «progre» sin valores, de unos mal criados a base de montañas de dinero público, y de quien vive y practica exactamente lo contrario de como viven aquellos a los que dice defender. 

 

            

10 opiniones en “La deriva del cine martillo pilón”

  1. No puede estar mejor descrito , este director y las ovejas que le acompañan.
    Enhorabuena por la descripción de la actual sociedad progre que gracias a Dios se van dando cuenta del engaño .
    Magnifico artículo.
    Eres un Crack

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