Este viernes 18 de septiembre se celebró en el Ateneo de Sevilla el acto inaugural del Club Literario de Intriga y Crimen. Una iniciativa de Nina Vélez-Troya Anquela, periodista y escritora. La anfitriona, hija del referente de la investigación privada en España, recordó los inicios de la detectivesca en nuestro país. Y el papel de su padre, Eugenio Vélez-Troya, criminólogo y detective pionero de la profesión en España fallecido en 2007. En su memoria nace este proyecto gracias al legado que dejó.
El acto giró en torno a tres verdades: la verdad buscada, la verdad probada y la verdad narrada. Siempre dentro del ámbito del detective privado, es decir, en el ejercicio de aquellas investigaciones que las FCSE no suelen realizar, por lo general, al tratarse de delitos privados o semipúblicos y carecer de medios eficientes para atender la enorme demanda actual. Pero, sobre todo, se trató de poner en contexto la profesión frente a la idea nada precisa que la población en general tiene a través de las películas true crime y de la literatura.
El detective en España y en el ámbito europeo es un investigador muy alejado de los clichés clásicos. Baste mencionar que la representación femenina es amplísima, que la edad más común se sitúa quizá en el rango de 30 a 40 años y que una gran mayoría, ademas de haber cursado los 3 años de carrera en investigación privada dispone de grado o licenciatura universitaria. Abundan los graduados en Derecho y en Criminología. La labor principal es la obtención de pruebas que serán la base de los posteriores juicios en los tribunales. Verdades buscadas y probadas.
Para esta labor el detective no asalta la vivienda de nadie ni le echa carne envenenada al perro, no roba documentación de los cajones, no soborna a policías corruptos y tampoco lleva gabardina ni una lupa ni fuma en pipa. Además, hace décadas que no persigue cuernos porque la infidelidad no tiene ningún valor jurídico. Tampoco investiga delitos perseguibles de oficio: asesinatos, secuestros, robos de bancos o narcotráfico. Estas ideas proceden del detective americano que nada tiene que ver con la profesión en España, y que se asemejaría más a la figura española del policía tipo Villarejo.
Ignoro si los escritores a través de la literatura, algunos de ellos detectives como es mi caso, somos capaces de trasladar la imagen real de la profesión y elevarla al nivel que merece. Profesionales muy cualificados, en particular las nuevas generaciones, expertos en delitos cibernéticos y en ciberseguridad que emplean IA, que manejan con soltura técnicas de OSINT (investigaciones en fuentes abiertas) y audiovisuales o vuelo con drones. Investigadores capaces de realizar seguimientos y localizaciones por tierra, mar y aire. La verdad narrada es el tercer objetivo en definitiva. Contada de forma que no solo sea ilustrativa para el público en general sino que, sobre todo, resulte verídica y entretenida.

