Cocodrilos en el río

          Casi todo el mundo conoce la frase «que el árbol no te impida ver el bosque». Es una metáfora aplicada con frecuencia a circunstancias de todo tipo: empresariales, familiares y, por supuesto, políticas y sociales. Es un aviso a navegantes contra los peligros de esos jardineros que plantan árboles en la ribera del río para ocultar un ejército de cocodrilos. Una maniobra que trata de romper el foco y la visión del cauce de la realidad en su conjunto. Crear un túnel mental que, como un agujero negro, lo engulle todo: razón, discernimiento y análisis crítico. Un árbol tan grande que no deja ver nada más.

          Un artefacto vegetal de ese calibre sirve para deslumbrar a incautos que, como los argonautas, se dejen embaucar por los cantos de sirena. El problema hoy es que la sociedad camina sin un Ulises al mando, ni una Circe que advierta del peligro. No hemos cambiado mucho desde aquella época, sobre todo respecto al riesgo de mudar la razón por deseo. Basta con que nos pongan una zanahoria frente a la nariz para que ya no seamos capaces de ver a dos metros de distancia. La estrategia solo requiere que se le añada una banda sonora adecuada para que la multitud quede embelesada por el señuelo.

          Escribía Ortega en su obra La rebelión de las masas que estas no son fáciles de engañar por una debilidad intelectual innata, sino por su arrogancia, complacencia y renuncia deliberada a pensar. Lo vemos a diario, lo que la masa maneja con soltura son las consignas que consume a ritmo de golosinas, con una fruición rayana en la incontinencia por quemar etapas. Vivimos envueltos en causas ajenas, concernidos por aquello que se nos sirve en el plato como menú del día. Da lo mismo que te invadan una ciudad como Ceuta desde un país extranjero, que haya que sacrificar a un perro para evitar el ébola o que fallezca una anciana a los 87 años. La hinchada, en cada caso, palmea la nueva pandereta como si su equipo marcara el gol de la final.

          Provoca desconcierto y, hasta cierto punto pavor, observar cómo los medios de comunicación responden a esta lógica de quemar bengalas con la misma rapidez que la población, o quizá actúan, precisamente, como batutas de orquesta que marcan el ritmo al que la masa se alimenta de consignas y titulares. Una sociedad que no piensa, que parlotea como loros las falsedades y argumentos interesados de quienes sí persiguen un objetivo, es una sociedad que acaba siendo sometida. Una sociedad que no lee, que carece de comprensión lectora y que usa como argumento fundamental el insulto y la amenaza es una sociedad condenada a la miseria, primero moral, y luego en el resto de los sentidos.

          Dentro de unas semanas vamos a ver si la masa, que una vez más está siendo salvajemente manipulada por quienes han convertido el ejercicio del poder en un sumidero, con estrategias propias del hampa más siniestro, sabe responder en las urnas que es donde tiene que hacerlo en tiempos de paz. Avergüenza ver cómo una población despistada y sus medios de comunicación, la mayoría mercenarios, olvidan lo que han sido estos ocho años para agarrarse como buitres carroñeros a la muerte de una anciana. Una señora mayor a la que no conocen ni personalmente, ni su historia de vida, y que además les importa un carajo la vieja. Pero hacen casus belli, estropeando aún más el problema y preparando por si la estrategia no funciona las herramientas necesarias para cortar el árbol y soltar a los cocodrilos.    

 

6 opiniones en “Cocodrilos en el río”

  1. el problema no son los arboles hay tramos que no hay ninguno,se ven los cocodrilos claramente pero yo creo que piensan que nunca van ha salir del río. y se equivocan por qué los tienen camuflados por toda la orilla y los tenemos muy cerca

  2. Me niego a creer que LOS ESPAÑOLES… esa antigua raza brava se haya extinguido o esté en vías de extinción.

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