Allende los mares

          Me cuesta imaginar, allende los mares, a una escritora anciana de 84 palos que un día se levanta y dice: «Me voy a presentar al Premio Planeta de novela. Ahora que estoy en lo mejor de mi carrera y necesito proyección a futuro». Y que entonces, desde una distancia de más de diez mil kilómetros, lanza un manuscrito volador con pseudónimo para evitar que sea interceptado por pirata alguno durante la singladura. En el camino encuentra, eso sí, a una bandada de casi 1500 pájaros de papel con la misma intención, pero con bastante más bonhomía y bisoñez.

          Me cuesta imaginar el aterrizaje de ese manuscrito volador en Barcelona, sobre una montaña de no menos de 350.000 páginas llegadas de todo el mundo. Las que se pueden emborronar para llenar de tinta tanto intento vano e inocente de ganar un millón de euros menos impuestos. Es imposible saber, desde allende los mares, si nuestro pájaro cae en la posición 717, en la 1318 o es incluso de los primeros en llegar al experto escrutinio de un jurado ávido de darse un atracón de historias. Quizá nuestro candidato llega incluso antes de que se convoque el aquelarre, porque en el realismo mágico todo es posible.

          Me cuesta imaginar el gigantesco trabajo que, con tanto talento en la saca, un jurado que debe ser necesariamente del tamaño de un ejército desarrolla para otorgar un galardón tan importante. Abriendo sobres, archivos; leyendo las primeras páginas de obras meritorias y de bodrios; con faltas de ortografía y sin ellas; obras escuetas y tochos; llenas de personajes imposibles y de historias de nunca acabar diez mil veces contadas. Un trabajo ímprobo que cuesta un pastizal a la editorial tratando de encontrar ese vellocino de oro que no solo le recupere el kilo de billetes, sino que de una u otra forma le haga ganar más que eso.

           Me cuesta imaginar, allende los mares, a una adorable abuelita tomando una mañana el té, con las hormiguitas en el estómago de quien se enamora por primera vez. En el embeleso de una casa de espíritus protectores que, aun no conociendo su nombre, pudieran tocarla con la varita mágica de la diosa Fortuna. Esa llamada del destino que renueva su compromiso con el talento y, como no podía ser de otra manera, la reconoce entre el batiburrillo de morralla que ha intentado suplantar a la verdadera escritora. Una valiente que, como otros muchos, se presentó sin mostrar su verdadera cara en la plica.

          Lo que no me cuesta absolutamente nada imaginar es la razón por la que la pericia del jurado y los lectores profesionales, una vez más, han dado en la clave. La obra maestra que estaban buscando entre tanto despropósito que, de todas formas, no tenían intención alguna de publicar. Sin embargo, sí me cuesta un poco más imaginar las razones por las que tanto pájaro sobrevuela esos páramos, después de años de esfuerzo y sudores para meterlos en una trituradora que ni siquiera, ni de lejos, se dignará a ver de qué va su historia.

 

4 opiniones en “Allende los mares”

  1. Esos vientos de otoño, como anualmente sucede, derribaron el arbolado de la orilla del río y aparecieron los cocodrilos… con la contraseña marcada. Más de lo mismo, Miguel Ángel. Estamos infestados ya de cocos de río y de mar también.

  2. Lo que habrá por detrás de este premio seguro que es fascinante. El que se haya ido tras más de cuarenta años de Plaza y Janés tiene que tener un trasfondo increíble. Yo lo viví como director financiero de Emi music. Demandas con Bunbury, negociaciones con Amaral, Dover… y cuando ya habíamos sido comprados por Warner cómo Universal se llevó a Alejandro Sanz. Pero todas esas negociaciones se hacían sin un premio que en realidad es un fraude.

    1. Es obvio que se trata de operaciones comerciales y de competencia. Venderlo como premio, de cara al resto de candidatos, es en efecto un engaño desde mi punto de vista. Por eso no entiendo que cada año tantas personas envíen su manuscrito, seguro que muchas de ellas con la ilusión de ganar.

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